HIPERESPACIO | Doble inauguración
- Gimena Pino
- hace 2 días
- 3 min de lectura
De Esto No Se Habla | Agustina Tierno

Para quienes no lo conocen, Hiperespacio es uno de esos lugares poco convencionales
para muestras de arte contemporáneo, donde el factor site specific es ineludible. Se trata de
una casona situada en la Ciudad Vieja de Montevideo, donde las habitaciones confluyen en
un patio interior. Si bien tiene una entrada independiente, las habitaciones del frente del
edificio fueron acondicionadas para funcionar como cafetería, mientras que tres de las
habitaciones —dos de ellas conectadas entre sí— y una pequeñísima sala aprovechando
un hueco de la escalera conforman los espacios expositivos. El patio interior, con piso de
damero, macetas con plantas y columnas, funciona como parte de la cafetería en el día y,
en las noches, se convierte en espacio de tránsito, brindis e inauguraciones.

Una de las particularidades de asistir a una muestra nocturna, además del ambiente íntimo
y un poco menos formal, es que una vez finalizado el evento, y a falta de otras actividades
mejores que irse directo a dormir, el sueño permite al inconsciente seguir elaborando lo
vivido en un diálogo onírico prolífico, y apenas menos cansador que una noche en vela.
No es que recuerde con detalles los sueños que tuve esa noche, pero sí la sensación de
despertarme y no dejar de pensar en la muestra De esto no se habla, de Agustina Tierno,
con curaduría de Ana Gotta.
La artista trabaja un tema tan delicado como el suicidio, y logra hacerlo con una potencia
formal que no necesita rostros, historias ni un cubo blanco para transmitir lo intransmisible.
De esto no se habla nos acerca a la realidad de miles de familias y entornos que
enmudecen y, en lugar de palabras, encuentran estigma, miedo y aislamiento.

Una caja hecha de chapas offset encierra a la artista mientras escuchamos en altavoz las
razones por las que no se habla de esta problemática. Un golpe seco, metálico, paralizante,
nos sacude y allí comienza una performance donde no hay metáforas, sino un lenguaje
simbólico en el que el movimiento del cuerpo transforma la materia y la realidad. La artista
se toma un tiempo para darle forma a esa caja que la contuvo, la mira como alguien que
está atravesando no ya la experiencia traumática, sino la resignificación de la misma, y
atraviesa ese patio de pisos de damero para ubicarla finalmente en la sala de exhibición.
En las dos salas vamos a encontrar, además de la caja intervenida, otras dos obras y un
video con imágenes de performances anteriores. En una de las salas vemos una instalación
realizada con el dorso impreso de las mismas chapas offset y una pila de láminas en
colores brillantes; en la sala contigua encontramos estas impresiones colocadas en la pared
en una especie de red conformada por arterias que conectan unas imágenes con otras. El
colorido de las imágenes remite a un mapa de calor de una fotografía familiar de la artista.

Se destacan la economía y contundencia de los materiales —papel y chapas impresas—, así
como también el uso de una sola fotografía que, sin ser mostrada, abre un vasto proceso de
investigación y reflexión artística. Con cifras que triplican los homicidios, y primera causa de muerte entre varones de entre 15 y 29 años en Uruguay, el suicidio es un tema demasiado urgente como para no ocupar laagenda de nuestras principales instituciones. Con responsabilidad y sensibilidad, la visibilización del suicidio encarna un acto político de prevención, acompañamiento y reparación.
Arueras | Sol Larraburu
Arueras es la muestra de Sol Larraburu, con curaduría de Florencia Flanagan, que funciona
en la primera de las habitaciones, junto a un video proyectado en el espacio bajo la
escalera.

Desde la curaduría se teje una analogía entre la aruera, una planta asociada a reacciones
alérgicas que sin embargo posee más propiedades beneficiosas de las que se le conocen,
con las mujeres retratadas en las fotografías de Sol: trabajadoras rurales, productoras de
conocimiento y "polinizadoras de saberes".
Las fotografías de doble exposición revelan parte del universo de cada una de estas
mujeres que miran directo a la cámara y, desde esta sala en la Ciudad Vieja, vienen del
campo a desafiar al observador citadino.
En esta sala de pisos de baldosa verde no todas las obras salen indemnes, pero los
múltiples tonos de verdes y la abundancia de naturaleza en las fotografías, junto a una línea
visual en el montaje que mantenía la atención a la altura de los ojos, hacen de Arueras una
experiencia que consigue transmitir la calidad de vida superior del medio rural y los
beneficios de una vida en contacto con la tierra.
Junto a una cafetería en Ciudad Vieja conviven dos propuestas ineludibles en el circuito
montevideano que renuevan la fe en una práctica artística comprometida y poética.



